El universo musical de BK

El 29 de mayo pasado fue un día triste para quienes supimos deleitarnos y despanzarnos de risa con peliculas como La Señora Calabaza (1996), Las aventuras del Osito que ve accidentes (1999), El club de los corazones sucios (1998) y Trulalá City (2001) entre otras. Su creador José María Beccaría, conocido por todos como BK dejó de estar entre nosotros de manera repentina e inesperada. BK fue junto a sus compañeros Diego Rolle, Esteban Tolj y Pablo Jauregui, uno de los pioneros de la animación rosarina, creador e integrante de la productora El Sotano Cartoons y de la Cooperativa de Animadores de Rosario así como también de Escuela para animadores de Rosario. Además de la animación BK tenia un proyecto musical tan deforme como contagioso denominado Mamá nos pegaba con el cual editó algunos discos como Hornalla para quemar el diablo, Cartelera de espectáculos, Charles Bronson era Mencho, Manual para el joven perdedor y Anexo y correcciones del Manual para el joven perdedor. Su obra musical es un trabajo muy singular, oculto para muchos, y creemos que merece también ser recordado y difundido. Por eso invitamos a Luciano Redigonda y Martín Parodi para que nos adentren al universo musical de BK.

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BK un renacentistapor Martín Parodi

Recuerdo la primera vez que escuché Mamá Nos Pegaba. Recuerdo los primeros pensamientos que se me vinieron a la cabeza: qué buen nombre para una banda punk, qué buen nombre para un programa lisérgico-infantil de los domingos por la mañana, qué buen nombre para una ONG. Qué buen nombre!

- Es BK.
Me dijo Diego Rolle mientras me lo copiaba.

- ¿Cómo que BK? ¿BK BK? ¿El del osito que ve accidentes?
Le pregunté, desconfiando un poco. No me parecía probable que ese muchacho tímido y talentoso para los dibujos animados fuese también músico.

- El mismo. Y él hace toda la música y las voces y los samples, y todo. Como Beck.
No recuerdo si el “como Beck” fue de Diego o mío, pero estábamos a fines de los 90s/inicios de los 00s y Beck era la referencia obligada del músico hazlotodista. BK y Beck, si hasta suenan casi igual!

De ahí en más escuché todo lo que Diego me fue pasando de BK. Escuché sus discos. Lo escuché musicalizando sus cortos. Lo escuché todas las semanas al inicio de nuestro programa Malos Hábitos con el jingle que nos creó. Lo que no había escuchado nunca hasta ese momento era su voz, al menos no fuera del contexto de una canción. Nunca había charlado con él. Esa relación poco natural que uno establece con los músicos de países lejanos, sólo que BK estaba aquí nomás, a unas cuadras.

Eventualmente logré conversar con él, intercambiar chistes idiotas sobre cosas idiotas y teorías idiotas sobre cosas importantes. Y le dije lo mucho que admiraba y disfrutaba sus canciones. BK bajó la cabeza y murmuró un gracias. Y siguió componiendo y grabando canciones, y siguió realizando las animaciones más divertidas de la ciudad. Y las más artísticas. Porque si alguna vez en Rosario alguien se acercó al ideal del artista renacentista integral, ese fue BK.

El maravilloso mundo de BKpor Luciano Redigonda

La Señora Calabaza prende la radio. A pesar de su aspecto amenazante, una canción delirante nos narra sus lastimosas desventuras que comienzan cuando dos adolescentes irrespetuosos la golpean con un candelabro en su cabeza. Provocan así su caída desde las alturas de su mansión para terminar desangrada en el fondo de una piscina. Podría ser una oscura tragedia, pero a tamaña desgracia sobreviene un musical imposible con nadadoras emulas de Esther Williams y un tiburón dando vueltas por allí. “La sonrisa viene de la mano de la lágrima” suelen repetir algunos viejos humoristas que sin saber como terminar su espectáculo con una gran carcajada, apelan al golpe bajo para disimular su impericia bajo un velo de supuesta profundidad. Siempre detesté esa frase por lo tramposa, pero el problema quizás reside en que ha sido largamente malinterpretada. El secreto no está en apagar la sonrisa recordando el sufrimiento y la oscuridad de este mundo, sino cagarnos de risa de esa oscuridad evidenciando precisamente el ridículo y el absurdo que nos rodea. Que la lágrima venga de la sonrisa porque lloramos de la risa, en una misma mecánica conjunta, y no por otro calculado motivo. También alguna vez se dijo “la comedia es tragedia más tiempo”. En sus animaciones BK nos hace llorar de risa y a la tragedia le niega insistentemente el respetuoso paso del tiempo. Todo ocurre de manera abrupta, imprevista, casi al ritmo de un trailer. La vida, la muerte, los accidentes y el delirio aparecen como un torbellino y hay momentos en que la risa apenas da un respiro antes del siguiente gag, la dinámica de sus animaciones (la dinámica de esta vida), es demasiado volatil, etérea, imprevista, y los hechos se suceden sin más lógica, uno tras otro.

El género musical forma parte importante de sus relatos y es una de las claves para que esta conjunción nos atrape y nos provoque el continúo deseo de seguir formando parte de ese mundo que con cada corto concluye demasiado pronto. Las melodías habilitan al salto abrupto de escenas, abren la puerta a las situaciones lisérgicas, aceleran la trama, la precipitan todo el tiempo a nuevos bordes. El musical clásico hollywoodense tenía cuadros antes que escenas, y si uno toma “La ciudad de los corazones sucios” o “Trulalá City” se encuentra con esa misma estructura, con secuencias musicales coreografiadas, atravesadas por viñetas cómicas y hasta alguna que otra publicidad al paso con su correspondiente jingle. Como en el musical clásico también, una tragedia puede ser opacada por una tierna canción y de ahí a un chiste, al aviso de un próximo estreno apócrifo o a una secuencia de créditos que guarda alguna perlita oculta . El multiformato siempre permite que algo se nos escape y nos obligue a ver su obra una y otra vez. La presencia de íconos musicales refuerza la pasión de BK por las melodías de ayer, de hoy y de siempre. Por sus animaciones circulan una fanática de Violeta Rivas, un Charly García extraterrestre, un vinilo de

Hilda Palma e Papiros y un mosquito cantor que bien podría ser Sandro. Y su propia voz llevando adelante las canciones. Sus cortometrajes más narrativos son oportunamente acompañados por videoclips realizados para María Gabriela Epumer, Fernando Kabusaki y su propia banda “Mamá nos pegaba” (banda de una sola persona, cabe aclarar, porque así de extraordinario es todo en el Mundo BK). Al revisitar su obra, esa línea que separa al videoclip, de la animación más narrativa y del experimental se vuelve difusa. Gracias a una coherencia estética que permite apreciar cada pieza como parte de un todo, en parte gracias a su humor y a su estética visual, pero también gracias a esa relación tan particular con la música que BK pone en escena de manera tan casual y natural como inimitable.

Esa “Señora Calabaza” que vi hace tantos años, casi veinte, me reveló, nos reveló porque éramos varios los sorprendidos, que había otro cine rosarino que el que nos acostumbrábamos a ver (y quiero remarcar especialmente la palabra “cine” porque a veces daría la impresión de que la animación y sus animadores, no son obras de cine hechas por realizadores). Un cine alejado de la solemnidad, que experimentaba desde la humildad y no desde la pomposidad, que nos regalaba dibujos bellos pero sobre todo justos, y encima cumplía con la difícil tarea de arrancarnos una sonrisa. El talento de ese primer cortometraje de BK fue luego confirmado por su prolífica obra.

Una obra de la que muchos nos volvimos fanáticos. Más tarde tuve la oportunidad de conocerlo, trabajar con él y ser su amigo. Ahora que se fue, con el correr de los días descubro nuevas cosas que con el se fueron. Un día es la voz de Elmer Fante, el elefante tontolón de “Cabeza de Ratón”, al instante es Tomatito, su partenaire. En este momento es su música, sus discos que alguna vez compré por uno o dos pesos de convertibilidad o los bajé por su siempre generosa actitud de subir a internet todo lo que hacía. Seguramente habrá más cosas que con el correr del tiempo descubra, descubramos, se descubran, de este BK que aunque no está se vuelve cada vez más presente

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