Charlie Egg – “Miedocracia”

Rosario es una ciudad que, por confluencia de vaya a saber qué variadas razones (no sé
si todas buenas), conserva o preserva una escala que permite que sus hijos pródigos
puedan convivir cotidianamente con el resto de la ciudad, lo cual no sería extraño para
cualquier lugar que no sea demasiado grande, pero, además, creo que agrega otra
cualidad. Y esta otra característica sí que es particular y propia: es que sus estrellas son
estrellas de a pie. Es así como uno puede encontrarse con Juani en bicicleta en una
esquina, con Carlitos Ghioldi bajando de un colectivo hacia una manifestación…, se
puede encontrar con Jubany en una barra de algún bar, o con Coki o Popono en alguna plaza con niños. En este paradigma rosarino de ídolos de la clase trabajadora, de working class heroes, Charlie Egg es uno de esos casos que es todos esos casos; es el que podemos encontrar en todos esos lugares a la vez, porque es un personaje de la
ciudad que, para los que lo vemos desde adolescente, ha curtido mucho “la calle” de
Rosario. Es necesario empezar entendiendo esto de nuestras singularidades de
periferia y de nuestros privilegios casuales, para poder tener referencias para valorar
las obras. En ese sentido, podemos decir que, por estos lares, el mundo de las cosas
humanas –la cultura, en otras palabras– no está (tan) contaminado por el mundo de
las mercancías. Es una hipótesis. La cuestión es que es un buen punto para comenzar a
hablar de un disco con tanto anclaje en sustratos sociales, políticos y afectivos.
Miedocracia” puede escucharse como un recorrido randomizado por una urbe de
Argentina en este fin de década. Empiece por donde se empiece ese recorrido, uno
encontrará identificaciones seguro, porque hay para todos los gustos y porque, sobre
todo, las canciones vienen desde lo orgánico, desde lo real, desde la experiencia. No es
poco, ni mucho menos es lo que abunda, en épocas de tanta virtualidad y de tanto
maquillaje de la realidad. Decía que en ese recorrido por este disco del ex Sinapsis,
Charlie Egg, uno podrá elegir la calle que más le venga en ganas. Lo que marco como
mojones son, en todo caso, resonancias que hicieron algunas partes en mi oído y en mi
sensibilidad urbanita. Las propongo sólo como posibles fotos en el paseo que plantea
el álbum, un paseo tecno popular con barrio y corazón.

egg

El comienzo, con Alquimia, de guitarra y teclados –y en ese orden, guitarras antes que
teclados– ya suscribe al híbrido electrorock y las alegorías futuristas (que siguen en
casi todas las letras) son a veces poé(lí)ticas y a veces irónicas, una tradición lírica más
del Indio Solari (el de Último bondi a Finisterre) que del tecnopop vernáculo. En el
segundo tema del disco, Nada vale más, sí la programación cobra presencia y es más
bailable, pero nuevamente no faltan las guitarras. Y si quieren hit, unos pocos minutos
después en Amor social confluyen los mejores ingredientes de un éxito pop: podría ser
leimotiv de cualquier propaganda electoral inteligente: belleza pegadiza. Girando un
poco el timón de la producción, Año 3000, con sus arreglos glamurosos de brit pop,
propone una balada digna de Jarvis Cocker, algo que se vuelve a entrever en la
estética de Única verdad, aquí en clave más dark, incluso de nuestro dark nacional.
Este historicismo electro-techno- brit del disco tiene también su capítulo en
Manchester, pasando la mitad del disco, en Mis amigos –y son muchos los amigos que
participan con sus instrumentos en todo el disco– donde hay una deconstrucción
hermosa de guitarras y un pulso de bajo made in Factory. El final es también una pieza
notable: Cansado de girar, un exponente de tecnopop lúdico que acá no se explora ni
explota mucho, y que sí han hecho muy bien en España (desde los veteranos Astrud
–ahora Hidrogenesse–). Quizás el secreto esté en ese desenfado callejero que le sobra
a Charlie Egg y que le falta tanto a la compostura de todas las variantes de la
electrónica nacional, que desde los 90’ siempre tuvo una pata elitista y alejada de la
música popular. Como sea, Miedocracia gana en la espontaneidad y en el sabor variado,
aún cuando también es un disco de género.

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