Aguaviva – “Sumergible” [Rompe]

En épocas donde las tendencias son impuestas a fuerza de hype y community managers, la singularidad se vuelve cada vez más reacia de hallar, de hecho es trabajoso para cualquier artista poder edificarla en un contexto donde la marea de información empuja con una fuerza difícil de eludir.

Una de las herramientas válidas para sortear dicha encrucijada está en la capacidad de abstraerse de dichas corrientes, zambullirse allí donde la luz no llega y generar nuevos discursos que jaqueen lo establecido.

sumergible

Sumergible”, el primer disco del trío electropop Aguaviva nos convoca a movernos de nuestra zona de confort y adentrarnos en un hábitat donde el concepto “pop” logra liberarse de las convenciones amigables a las cuales lo somete el mercado. Mares exóticos, profundos y por momentos oscuros son los lugares por donde nos lleva este trío integrado por Maia Basso, Clara Sabetta y Barbara Ranzuglia.

Sus pocos años de trayectoria son muy bien disimulados por un estilo bien definido, donde confluyen influencias variopintas y atípicas para el género electropop: “A nivel musical admiramos mucho a las cantoras latinoamericanas que nos acompañan de niñas como Maria Elena Walsh, Mercedes Sosa, Leda, también Violeta Parra, Liliana Felipe Eso nos impulsa a alzar la voz como mujeres y expresar nuestros decires. Después la música que nos hicieron escuchar nuestros viejos, el rock nacional, etc. Y lo que escuchamos desde el momento que descubrimos internet y todo el mundo de la música que se nos abrió a nivel global en la adolescencia, las bandas pop que escuchamos en el secundario, y lo que nos voló la cabeza, Bjork, Radiohead, Kraftwerk, y otras muchas bandas under de Europa y de Latinoamérica también. La literatura es una gran influencia, autores como Gelman, Paco Urondo, Girondo, Marechal, Horacio Quiroga, Lovecraft, E. A. Poe y tantos otros que nos abrieron mundos increíbles.” confiesa Maia Basso una de las encargadas de las voces y los sintetizadores del proyecto.

Caja de ritmos y sintetizadores conversan con preguntas como: “Quién nos pone las palabras en las manos, quién el flete quien nos dice qué decir, quién anula, quién nos creó, quién nos vive, quién habita aquí.” Mientras bailamos las palabras se clavan como lanzas, la danza salta el cerco de la evasión, el cuerpo y la mente se reconcilian en un intento más por dar fin a ese viejo concepto de binariedad que nos mete en encerronas tan absurdas como estériles.

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